La violencia escolar en Chile ha dejado de ser un fenómeno aislado para transformarse en una señal persistente de alarma social. Desde agresiones entre estudiantes hasta ataques contra docentes, lo que hoy observamos no es solo un problema educativo, sino también un desafío en salud mental, desarrollo adolescente y cohesión social.
Así lo explica la Dra. Magdalena Celis, especialista en medicina de la adolescencia de Clínica Andes Salud Concepción, quien advierte que este fenómeno debe abordarse desde una mirada integral, considerando tanto factores individuales como sociales.
Según datos recientes, en 2025 se registraron más de 22.000 denuncias en el sistema educativo, con un aumento cercano al 18,7% respecto al año anterior. Solo en el primer trimestre, los casos de convivencia escolar crecieron un 14,2%, incluyendo un preocupante incremento en agresiones hacia adultos dentro de las comunidades educativas.
Más allá del aula: causas de la violencia escolar
La conducta violenta en niños, niñas y adolescentes rara vez surge de manera aislada. Responde a múltiples factores que interactúan entre sí. Lo que ocurre en las escuelas muchas veces refleja dinámicas presentes en la sociedad, donde la violencia se ha ido normalizando como forma de resolver conflictos.
A esto se suma el deterioro de los vínculos significativos. La fragilidad de los lazos familiares y la falta de tiempo de calidad impactan directamente en la regulación emocional. La ausencia de adultos disponibles, especialmente en el plano afectivo, deja a muchos jóvenes sin contención.
En paralelo, Chile enfrenta un aumento sostenido de síntomas ansiosos, depresivos y conductas impulsivas en adolescentes. En muchos casos, la violencia se convierte en una forma de expresar malestar emocional no verbalizado.
El entorno digital también juega un rol relevante. La exposición a ciberacoso, la humillación pública y la cultura de la inmediatez reducen la tolerancia a la frustración y pueden reforzar conductas agresivas.
Finalmente, las escuelas han debido asumir funciones sociales y emocionales sin contar siempre con los recursos necesarios, lo que se suma al desgaste docente y a una pérdida progresiva de autoridad pedagógica.
Un error frecuente: enfocarse solo en el control
Frente a esta realidad, han surgido medidas como el aumento de vigilancia o la instalación de detectores de metales. Si bien pueden ser necesarias en contextos específicos, se trata de respuestas reactivas.
La evidencia muestra que intervenir únicamente en la conducta visible, sin abordar sus causas, resulta insuficiente para generar cambios sostenibles.
Cómo abordar la violencia escolar: una mirada integral
La Dra. Celis sostiene que enfrentar este problema requiere un enfoque multisistémico. La intervención temprana en salud mental es clave, mediante tamizaje en establecimientos educacionales, acceso oportuno a atención psicológica y programas de regulación emocional desde la infancia.
También es fundamental fortalecer las habilidades socioemocionales, promoviendo la empatía, la resolución de conflictos y el autocontrol como parte del desarrollo formativo.
El trabajo con familias es otro eje central, a través de programas de parentalidad positiva, educación sobre el uso de pantallas y el fortalecimiento del vínculo con los adolescentes.
A esto se suma la necesidad de apoyar a los docentes, con herramientas para el manejo de crisis, espacios de contención emocional y equipos interdisciplinarios dentro de los colegios.
Finalmente, es clave avanzar hacia una cultura escolar basada en comunidad, donde el sentido de pertenencia y la identidad tengan un rol central por sobre enfoques exclusivamente punitivos.
Una advertencia necesaria
La experta afirma que cuando un adolescente ejerce violencia, no solo existe una víctima: también hay un joven en riesgo. Ignorar esta dimensión implica perder una oportunidad clave de intervención.
La violencia escolar no es un fenómeno nuevo, pero sí está evolucionando. Se ha vuelto más visible, más intensa y, en algunos casos, más extrema. Esto obliga a replantear el enfoque: ya no basta con detener la conducta, sino comprender qué está ocurriendo con nuestros adolescentes.
Porque cuando la violencia se instala en la escuela, no es solo la escuela la que falla: es la sociedad en su conjunto la que se expresa a través de ellos.
Atención especializada en salud mental adolescente en Andes Salud Concepción
En Clínica Andes Salud Concepción contamos con un equipo especializado en salud mental y desarrollo adolescente, enfocado en la prevención, diagnóstico y tratamiento oportuno.
Si observas cambios conductuales, dificultades emocionales o situaciones de violencia en niños, niñas o adolescentes, es fundamental consultar de manera precoz.
La salud mental también se cuida a tiempo. Agenda tu evaluación con nuestros especialistas.