La tendinitis rotuliana, también conocida como “rodilla del saltador”, es una lesión que afecta al tendón rotuliano, estructura que conecta la rótula con la tibia y permite la extensión de la rodilla. Cumple un rol clave en actividades como caminar, correr y practicar deportes que implican saltos o cambios de dirección.
En Andes Salud Concepción, el Dr. Alejandro Espinoza Bieschke, traumatólogo especialista en rodilla, aborda esta patología con un enfoque integral, orientado a un diagnóstico oportuno y un tratamiento personalizado que permita a los pacientes retomar su actividad física sin dolor.
Según explica el Dr. Alejandro Espinoza Bieschke, esta lesión se origina principalmente por una sobrecarga mecánica repetitiva sobre el tendón. Es frecuente en deportistas que practican disciplinas como fútbol, básquetbol, vóleibol o atletismo. Sin embargo, también puede presentarse en personas sedentarias que realizan esfuerzos bruscos o aumentan de forma repentina la intensidad de su actividad física.
Otros factores que influyen son la falta de acondicionamiento muscular, desequilibrios biomecánicos y una técnica deportiva inadecuada.
El dolor de rodilla puede tener múltiples causas, no solo la tendinitis rotuliana. Factores como el desgaste articular, lesiones de meniscos, problemas en los ligamentos o sobrecarga muscular también pueden generar molestias en esta zona. Por eso, es clave realizar un diagnóstico adecuado que permita identificar el origen del dolor y definir el tratamiento más efectivo en cada caso.
El síntoma más característico es el dolor localizado en la parte anterior de la rodilla, justo debajo de la rótula. En etapas iniciales, este dolor aparece después de la actividad física, como correr, subir escaleras o saltar.
A medida que la lesión progresa, el dolor puede presentarse durante el ejercicio e incluso en reposo, afectando la calidad de vida y el rendimiento deportivo.
Como señala el Dr. Alejandro Espinoza Bieschke, el diagnóstico es principalmente clínico y puede complementarse con estudios de imagen para confirmar la lesión. Se basa en la evaluación de los síntomas, la historia del paciente y un examen físico detallado, donde destaca el dolor a la palpación del tendón rotuliano.
Para complementar el diagnóstico, se pueden solicitar estudios de imagen como la ecografía musculoesquelética o la resonancia magnética, que permiten evaluar el estado del tendón y descartar otras lesiones asociadas.
En la mayoría de los casos, el tratamiento es conservador y presenta muy buenos resultados. Este incluye reposo deportivo, aplicación de frío local para disminuir el dolor e inflamación, uso de medicamentos antiinflamatorios y un programa de kinesioterapia enfocado en la recuperación funcional.
En casos específicos, el tratamiento puede complementarse con terapias como ondas de choque o infiltraciones. La cirugía es poco frecuente y se reserva para pacientes que no presentan mejoría tras un manejo adecuado y prolongado.
La prevención es fundamental. Se recomienda realizar un buen calentamiento antes de la actividad física, fortalecer la musculatura de las extremidades inferiores y progresar de forma gradual en la intensidad del entrenamiento.
Ante la aparición de dolor en la rodilla, es clave consultar de manera precoz para evitar la progresión de la lesión.
Un diagnóstico oportuno y un tratamiento adecuado permiten que la mayoría de los pacientes retome sus actividades habituales y deportivas de forma segura.
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